Día 1 en California: San Francisco-Monterey

Nuestro viaje a San Francisco comenzaba, como no podía ser de otra manera, en el aeropuerto a primera hora de la mañana. Como somos bastante previsores llegamos con algo más de dos horas, y la verdad es que no nos sobró ni un minuto entre facturar maletas, control de pasaportes y demás. A diferencia de nuestro viaje anterior a Nueva York, en esta ocasión no tuvimos que responder a ninguna pregunta del personal de inmigración una vez en la puerta de embarque. Así, nos montamos en el avión de KLM y en 11h (el vuelo más largo que habíamos hecho hasta entonces) nos plantamos en San Francisco sin mayor contratiempo, aunque bastante desubicados por eso de la diferencia horaria, que es de 9h.

Control de seguridad en el aeropuerto

Lo peor sin duda de aterrizar en EEUU son las largas colas para los controles de inmigración y seguridad. Con el cansancio que llevábamos y la hora larga que nos pasamos de pie haciendo cola, la verdad es que no llegamos con el mejor ánimo hasta el señor de aduanas que nos atendió. Afortunadamente, y a pesar de su aspecto de malo de película, el hombre fue bastante majo. Nos atendió en inglés, pero seguramente puedes pedir hablar con un funcionario en español. Después de responder bastantes preguntas sobre cuánto tiempo íbamos a estar en California, si era la primera vez en EEUU, si conocíamos a alguien aquí… recogimos el equipaje y pasamos a un segundo control en el que se revisan aleatoriamente las maletas y comprueban que no se introduzca ningún alimento prohibido, como frutas (las cuales son bastante fáciles de olvidar en el equipaje de mano). Aquí es donde se entrega además el formulario que te hacen rellenar en el avión.

Recogida coche de alquiler en San Francisco

Por fin, pasados todos estos trámites, conseguimos situarnos en la terminal de llegadas y nos dispusimos a recoger el coche de alquiler. Para ir a la terminal de coches de alquiler en el aeropuerto de San Francisco hay que ir de la SFO International Terminal a la SFO Car Rental Centre cogiendo el AirTrain, línea azul, un tren gratuito que conecta todas las terminales. Una vez se llega a la parada solo hay que seguir las indicaciones para la compañía de alquiler con la que se ha reservado, en nuestro caso Hertz, y enseguida se encuentran los mostradores.

Conduciendo por California

Conduciendo por California

Como unos días antes nos habíamos dado de alta en el programa de fidelidad de Hertz no tuvimos que esperar la larga cola que nos encontramos nada más entrar a la oficina (menos mal…), sino que pudimos bajar a la planta de recogida de coches, donde tienen otro mostrador para socios y en el que no había nadie (¡yuju!). Para alquilar el coche nos pidieron la tarjeta de crédito y contratamos allí el seguro personal diario y el seguro premium para emergencias, en total 130€, aparte del coste del alquiler del coche, que uno acaba pagando por si las moscas. El coche que nos dieron era un Toyota Corolla, el cual estaba bastante bien, aunque no evitó que sintiéramos un poco de envidia al ver a una familia española a la que le acababan de dar las llaves de un descapotable rojo muy molón (la cara de los niños lo decía todo).

Comienza el viaje: De San Francisco a Monterey

Para ir del aeropuerto de San Francisco a Monterey fuimos dirección San José, en lugar de Santa Cruz, una ruta no tan bonita como la HW1 pero más rápida (en concreto 1.40h). Afortunadamente los coches de película conducidos por los teckies de Sillicon Valley con los que nos cruzábamos y los carteles de sitios con nombres graciosos, como Cabrillo Highway, nos mantuvieron animados durante el camino, cuyo paisaje cambia completamente una vez pasado San José. Es entonces cuando comienzan a verse los enormes campos frutales de California rodeados por los campamentos de trabajadores inmigrantes, un panorama que sin duda recuerda a una novela de Steinbeck.

Nuestro hotel en Monterey

Hotel Monterey Surf Inn

Hotel Monterey Surf Inn

Por fin habíamos completado la primera etapa de nuestro road trip, habíamos llegado al hotel Monterey Surf Inn, a las afueras del pueblo. La verdad es que el hotel tenía su gracia, porque era el típico alojamiento de carretera que se ve en las películas, con las puertas de las habitaciones dando a la calle y una piscina en el centro. Así que por un momento nos sentimos muy americanos, durmiendo en un motel y con nuestro coche matrícula de Texas aparcado en la puerta.

La habitación en sí no estaba mal, la verdad es que mejor de lo que nos esperábamos, aunque yo para entonces lo único que quería era dormir. Mi marido, que es un hombre muy sabio en esto del jet lag, ya me había advertido que lo peor que podía hacer era acostarme, porque apenas eran las 3 de la tarde. Pero yo no podía con mi alma, así que como buena española me eché una siestecita. Y claro está, me desperté unas horas después sintiéndome como si me hubieran dado una paliza y estuviera de resaca, y con ese cuerpo nos fuimos a hacer la compra a un súper.

A apenas 5 minutos en coche del hotel teníamos un centro comercial con un supermercado de la cadena Whole Foods, que están especializados en comida orgánica, por lo que os podéis imaginar los precios del sitio. Sin pensárnoslo mucho cogimos lo necesario para pasar la noche y nos dirigimos a la caja. Una de las cosas que más me gustan de California es lo maja que suele ser la gente que atiende al público, así que me puse a hablar con la cajera sobre el mal cuerpo que llevaba por eso del jet lag, y la verdad es que me dió un remedio de lo más hippie, de esos que solo te pueden dar en California: andar descalzo sobre la hierba durante 20 minutos.

Como no encontramos un parque cerca no pude poner en práctica el consejo contra el jet lag, además ya era completamente de noche y hacía bastante frío. Así que sin más cenamos unos bagels y algo de fruta que habíamos comprado y nos acostamos.


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